¿Qué puedo decir sobre el cine independiente que no se haya dicho? Recuerdo que me gustaba leer en diarios y revistas la palabra “indie”. Sentía que quería hacer películas con el mismo espíritu que los músicos que hacían rock en un garage...
Hoy, unos catorce años después, me causa un poco de gracia leer que hablen de algunas películas diciendo que son “ independientes”, cualquiera dice que hace cine independiente y no tiene el mismo valor que antes, Son rótulos que se ponen, como “cine de culto”, el Dogma o la estupidez del momento. Son pretextos para poder escribir y hacer notas, pero el chiste se agota y al final no quiere decir nada. La palabra “independiente” está absolutamente vapuleada y no sé si siquiera genera respeto. En definitiva, creo que uno tiene que hacer lo que tiene ganas y la independencia es eso, hacer lo que uno tiene ganas, lo que uno quiere y puede sin limitaciones. El resto es marketing.
Muchos dicen que hacen cine independiente y lo hacen con un montón de plata, ¿entonces cuál es el límite? Porque la independencia a esta altura del partido no tiene nada que ver la plata., La independencia esta en la cabeza,esta en uno.
Hacer cine independiente ha cambiado mucho. Está muy bien que la tecnología vaya derribando mitos, aunque algunos se dieron cuenta un poco tarde. Pero bienvenidos todos al paraiso digital, (ja) al del video
... además, en definitiva, ¡la gente no sabe lo que es el cine independiente! Uno no le pregunta al vecino si vio algo de cine independiente. La gente no habla en esos términos, como los cinéfilos,criticos o intelectuales. La gente habla de películas buenas, o malas, y punto.
LEEDOR.COM
Los actos cotidianos por Raúl Manrrupe
Un registro documental tan vivo que se olvida que es una ficción
La cámara lúcida
El último BAFICI. Se acaba de proyectar en competencia, Los actos cotidianos de Raúl Perrone. En la platea, sus seguidores, sus alumnos, público, críticos y gente del Festival. El micrófono va de mano en mano sin que se escuche nada original mientras Perrone contesta con paciencia. Hasta que alguien pregunta algo que sorprende al director. El espectador quiere saber cómo se sintieron los protagonistas de la película al verse retratados en su situación cotidiana, algo así, como de qué manera se sintieron ellos al tener una cámara registrando su vida, esos actos a los que alude el título certeramente puesto. Y en ese momento, la película toma su verdadera medida ante los presentes. Porque estos actos, de desarrollo moroso, de esforzada y audaz búsqueda estética en sus claroscuros, de colores reales en encuadres elegidos, de diálogos como la vida misma, son parte de una película ficcional y no un documental. Una ficción basada en la realidad como suelen ser los largos de su director. Pero que como ninguna otra borra los límites entre ficción y realidad. Los actores, familiares, conocidos, vecinos de Perrone, son actores en esta película. Interpretan una situación ficcional. Los hermanos en la realidad, dice el Perro, no tienen en la vida real la relación cercana que tienen en la pantalla. Nadie se fue y no volvió. Y sin embargo, “haciendo de sí mismos pero no actuando como ellos mismos” dejan una sensación de realidad imposible de diferenciar de la ficción sin la aclaración previa del director.
Este es el mayor asombro de estos actos llevados a la pantalla. La fotografía suburbana de Ituzaingo sigue sumando capítulos tanto para un relato antropológico a partir de una familia (y lo que va quedando de ella) como para una obra de autor única, en su camino de experimentación y expresividad. En este retrato es bueno destacar que como en La Navidad de Ofelia y Galván, ha sido registrado con la función video de cámara fotográfica digital. Un nuevo desafío donde se saca provecho de las luces y las sombras de los ambientes en estado de destrucción que pueblan toda la historia, avanzando hacia una intención de poética visual ya intuida en Bonus Track y Canadá.
En el cine argentino actual hay una corriente documental que busca narrar momentos en la vida de seres marginales, empobrecidos o rurales, en un día, un mes, un año de sus existencia. Muchas veces, esas películas se limitan a mostrar con asombro y candor a esas personas desde afuera.
La gran diferencia con Los actos cotidianos es que Perrone lo hace desde adentro, con conocimiento de causa y efecto. Puede gustar o no, pero en cada fotograma (videograma, para decirlo más correctamente) hay un registro documental vivo. Tanto, que llega a hacernos olvidar que todo se trata de una ficción
Raúl Perrone presidirá el jurado del 1er Festival de Cine hecho con cámara de Fotos (SCDF), a desarrollarse en Agosto en el Centro Cultural Rojas de Buenos Aires. Bases y condiciones: http://www.rojas.uba.ar/convocatorias/cine.htm
"Los actos cotidianos" La nueva pelicula de Raúl Perrone refleja la fidelidad del realizador a un estilo de produccion minucioso y austero.
PUERTAS ADENTRO EL FILME MUESTRA A UNA FAMILIA, AJENA AL MUNDO EXTERIOR, EN UNA CASA DE ITUZAINGÓ.
Con veintiséis películas en su filmografía, Raúl Perrone no sólo es uno de los realizadores más prolíficos de la Argentina: también es uno de los más fieles a un modo de producción. "Cada vez hago un cine más austero, más artesanal -dice-. Mantengo mi sistema de producción y aprovecho las nuevas tecnologías. No puedo detenerme a viajar, buscar subsidios o financiación. Cada vez me siento más lejos de todo". En la irregular sección argentina del Bafici, presentó Los actos cotidianos (ver minicríticas)
"Diría que esta película, igual que las anteriores, no es marginal sino artesanal: desde todo lugar, incluso desde la manera de estar contada y desde el trabajo sobre los detalles. En Los actos ... hay una familia humilde, una casa en Ituzaingó que aparece en varias de mis películas, y un mundo exterior, violento, que llega a través del televisor y los teléfonos celulares. El 90 por ciento de la película transcurre en el interior de la casa; no es algo nuevo para mí, pero quería profundizarlo. Además trabajé mucho el off, otra de las características de mi cine".
Perrone, nacido en 1952, viene de las artes plásticas y puso un énfasis especial en la fotografía, apoyándose en una variada, minuciosa paleta de tonalidades. "Por eso digo que Los actos ... es parte de un tríptico, como si fuera una pintura, y no de una trilogía. Lástima que es la segunda parte y la presenté antes que la primera. Hago todo al revés, ¿no te parece?".
Para el director de Graciadió y Peluca y Marisita no tiene sentido estrenar películas como las suyas en salas comerciales. "Y no lo digo por escéptico. Al contrario, soy optimista: si no, no haría lo que hago. Pero que falta un debate amplio y serio sobre qué hacer con el cine independiente en la Argentina. Desde cómo encarar las críticas hasta cómo crear salas pequeñas para los filmes de autor.
En cuanto al Bafici, explica: "Me siento parte de él. Pasé por todos lados: estuve en Work in Progress y también me dedicaron retrospectivas. Veinte de mis veintiséis filmes se dieron acá. Es como mi casa; el único festival al que voy. Sobre todo porque me queda cerca y evito los aviones".
Aquellos años felices por Mijal Bloch
Una película cuya protagonista es una casa, y la banda sonora, el zapping de la TV. Dos hermanos que se refugian en la habitación más fresca. Hablan el día a día, el gran mundo allá afuera, cada vez más aciago y violento.
En palabras del director: “la casa de Galván, sin Galván.”
Sin la pesadez de un diálogo melodramático. Absoluta pureza, en este universo derruido y sutil.
Y así habita el tiempo.
El borde de los cuadros parece caerse en las paredes derruidas, una cortina que apenas deja pasar la luz. No hay violines ni guitarras. Los personajes transcurren como en una pintura oscura de Vermeer o un cuadro luminoso de Caravaggio. Pobreza y amistad. Amor, y que sea lo que se pueda. Los chicos juegan en el nido, la abuela mira y asiente, el hermano mayor pelea por teléfono con su ex mujer: sale algunas noches, a escrutar la nada del barrio.
Al costado y en guardia, una madre-hermana, la verdadera resistencia frente a la degradación. Ella, entrañable, un personaje de esos que te putean con una sonrisa franca.
Los actos cotidianos no tiene un plano de sobra, una nota musical. Pieza tras pieza, se construye el retrato de un presente continuo y aislado, refugio sin patriarca, pero además, real de un problema que hiere fuera de pantalla.
¿Cómo construir un relato de la pobreza y la injusticia social sin ser panfletario? El último film de Perrone halla la ironía en el contracampo: la abuela escuchando en el noticiero que nadie debe preocuparse por el futuro económico de los hijos del rey del pop.
Espectadores
Trabajo de campo en el conurbano por Maria Bertoni
En términos antropológicos, Raúl Perrone realiza un excelente trabajo de campo con Los actos cotidianos. Instalado en la casa que Bebo y Sole mantienen en Ituzaingó, el director argentino ofrece un retrato detallado del día a día de estos argentinos de clase media-baja en el conurbano bonaerense. El hogar como refugio de un entorno hostil, la constitución de familias ensambladas, la (omni)presencia del celular y la televisión son algunos de los fenómenos sociales que subyacen de un documental que habría fascinado al fallecido Claude Lévi-Strauss.
Variety
The Daily Actions por Jonathan Holland
The Daily Actions" of the latest downbeat-and-dirty offering from Raul Perrone are those of a disadvantaged family in the outskirts of Buenos Aires. Typically no-concessions fare from a helmer who defiantly plows his own furrow, this sometimes powerful, sometimes tedious, sometimes unexpectedly moving film has the real rebel spirit, utilizing no-frills documentary realism to persuasively show things as Perrone believes they are. Pic is unlikely to extend Perrone's faithful following; limited fest appearances are likeliest.
Enfolding the fragile consolations of home and the dangers of the cruel world outside, pic reps both a family portrait and a slice of social criticism. Impoverished, unsmiling and perpetually in survival mode, Sole (Soledad Aguilera) and her unemployed brother Bebo (Adrian Aguilera, Soledad's real-life sibling) live in a low-lit slum with their respective kids and their mostly silent mother (Maria Galvan). Perrone records them smoking incessantly, talking in circles and texting; when they listen to the radio or bring gossip home, some dark event is generally the subject. A tremendously evocative late scene beautifully contrasts the bright colors of a kids' play area with the muted tones that tend to dominate.
Camera (color), Perrone, Bernardo Demonte; editor, Zaida de Pedro; music, Anahi Colombo. Reviewed on DVD, Madrid, May 5, 2010. (In Buenos Aires Film Festival -- Argentine competition.) Running time: 82 MIN.
El cine independiente por Raul Perrone
¿Qué puedo decir sobre el cine independiente que no se haya dicho? Recuerdo que me gustaba leer en diarios y revistas la palabra “indie”. Sentía que quería hacer películas con el mismo espíritu que los músicos que hacían rock en un garage...
Hoy, unos catorce años después, me causa un poco de gracia leer que hablen de algunas películas diciendo que son “ independientes”, cualquiera dice que hace cine independiente y no tiene el mismo valor que antes, Son rótulos que se ponen, como “cine de culto”, el Dogma o la estupidez del momento. Son pretextos para poder escribir y hacer notas, pero el chiste se agota y al final no quiere decir nada. La palabra “independiente” está absolutamente vapuleada y no sé si siquiera genera respeto. En definitiva, creo que uno tiene que hacer lo que tiene ganas y la independencia es eso, hacer lo que uno tiene ganas, lo que uno quiere y puede sin limitaciones. El resto es marketing.
Muchos dicen que hacen cine independiente y lo hacen con un montón de plata, ¿entonces cuál es el límite? Porque la independencia a esta altura del partido no tiene nada que ver la plata., La independencia esta en la cabeza,esta en uno.
Hacer cine independiente ha cambiado mucho. Está muy bien que la tecnología vaya derribando mitos, aunque algunos se dieron cuenta un poco tarde. Pero bienvenidos todos al paraiso digital, (ja) al del video
... además, en definitiva, ¡la gente no sabe lo que es el cine independiente! Uno no le pregunta al vecino si vio algo de cine independiente. La gente no habla en esos términos, como los cinéfilos,criticos o intelectuales. La gente habla de películas buenas, o malas, y punto.
"Ya no se si vale la pena estrenar" Crítica Digital
Un nombre que parece ir de la mano de (casi) todas las ediciones del festival Bafici es el de Raúl Perrone. Porque este director pionero y referente indiscutido e ineludible del cine independiente local ha estado en nueve de las once ediciones anteriores. Ya pasó por las secciones de “Work in progress” y “Lo nuevo”, tuvo una retrospectiva, estuvo en una clausura, llegó a presentar tres films de golpe, y hasta mostró los entretelones de sus célebres talleres de cine en Ituzaingó.
“En los últimos años -cuenta- pasa que me proponen estar y primero digo que no y a veces al final digo que sí, pero realmente me resulta estresante estar en el Bafici, por la demanda de entradas y los apretujones que por suerte se producen porque va mucha gente a mis estrenos, pero también le terminan gustando a la crítica. A la vez, sé que después de tantas películas es más fácil que te hagan pelota porque sos más vulnerable".
Este año, más precisamente hoy a las 22 en el Hoyts, estrenará Los actos cotidianos. Y explica sus razones: “Me di cuenta de que el cine argentino está atravesando un momento difícil, donde cada vez se hace más complicado para aquellos que trabajamos de esta manera y donde ya no sé si vale la pena estrenar películas. Hay que buscar una manera alternativa de poder mostrar las películas, que es lo que estoy imaginando. Entonces, ¿para qué negarme al lugar y el público que me ofrece el Bafici, y que es una manera de que la película tenga su bautismo? Y le tengo un gran afecto al festival, claro.”
Los actos cotidianos, según anticipa, forma parte de un tríptico (“y no una trilogía”, aclara, “porque es como una pintura con una unidad en cuanto a la temática, el barrio y la paleta de colores”). Es un retrato social muy crudo donde hay un guiño a la casa de don Galván, el protagonista de sus muy bien recibidas La mecha y La navidad de Ofelia y Galván, ya que muestra la intimidad de su hija y sus nietos. “Es muy crítico de los momentos que estamos viviendo, desde la inseguridad hasta la incomunicación, donde la gente está toda con celulares y en realidad hablan muy poco. Me parece riesgosa y tomar riesgos después de 25 películas es casi un acto kamikaze, pero no puedo dejar de hacerlo”.
Un dato casi permanente en la historia de los estrenos de Perrone es que suele tener otros films terminados en el bolsillo. Y hoy no será una excepción: “Esta película en realidad es la segunda del tríptico. La primera es Luján, sobre un jubilado de la construcción, y la tercera es Era Marta la reina, sobre dos chicas drogadictas con un pasado heavy. Y hay una unidad".
Otros Cines
Crónica de la degradación del conurbano por Diego Batlle
Tras el notable uno-dos del año pasado con Bonus Track y 180 graos, Perrone trajo este año un film en el que describe -con su habitual capacidad de observación y sensibilidad para captar la intimidad cotidiana de sus personajes/"actores"- las miserias de una familia de clase media-baja de su Ituzaingó: grupos disfuncionales y disgregados, con empleos precarios, escasa comunicación y contención.
Como siempre, Perrone evita el subrayado, la bajada de línea y apela a pequeñas situaciones recurrentes -el obsesivo uso de los sms de los celulares, la omnipresencia de la televisión, las escenas con un pájaro enjaulado, los permanentes reclamos de ella hacia él por su falta de compromiso y adultez- para exponer así la monotonía, el hastío, la falta de incentivos y perspectivas de esos seres del conurbano bonaerense.
Perrone opta por trabajar en interiores y el resultado en términos visuales (y en cuanto a calidad de imagen final) es menos interesante que en los films apuntados del año pasado. Si en distintas etapas de su carrera se fue vinculando al Perro con Jim Jarmusch, Abbas Kiarostami o Gus Van Sant (en las películas sobre skaters), a la salida de la función de prensa de hoy se escuchaba un nuevo referente: el portugués Pedro Costa.
De todas formas, más allá de filiaciones posibles, aún con un film menor como éste, Perrone sigue siendo un genuino, intuitivo y a esta altura sólido observador de su gente, de su zona y de sus contradicciones.
Despacio: escuela por Marina Yuszczuk
¡Dame más lentitud! A contrapelo de la cultura comercial, Perrone mete la cámara en la casa de una familia de clase baja de Ituzaingó, y mientras viven los registra, con un armado mínimo de las escenas. La vida cotidiana es lenta y acá el ritmo del montaje quiere dar cuenta de esa lentitud. Toda la película está al servicio de mostrar, como un gran gesto político que quisiera decir “Vean, escuchen, quieran” a través de la representación de una familia, pero también de una clase, radicalmente opuesta a las asquerosidades de los medios y de los reality. El tiempo que dura la película es el tiempo de una familiaridad adquirida lentamente entre lo que se muestra y el espectador, de un interés que se convierte en compromiso. Pero ojo que acá no se trata solamente de asistir como testigos impasibles, porque Perrone mezcla los planos fijos de la familia viviendo con escenas como ésta: la chica está mirando algo, la vemos mirando, después el corte pasa a un plano de lo que ella mira en el que las hojas de un árbol, verdes, nítidas, de movimientos suaves, ocupan toda la pantalla, y en esa circularidad de las miradas estamos viendo, aunque sea en la ficción, con la mirada de ella. Estamos compartiendo algo. Porque el retrato de la clase no es solamente sociológico sino que está construido con la mira puesta en el afecto, algo que tal vez sólo el cine puede hacer, y Perrone parece saberlo.
Un cine nada cotidiano: el acto de filmar según Perrone por Maria Iribarren
Si Los actos cotidianos fuera un libro, cada página serían dos: en la primera, se podrían leer los detalles que singularizan la vida doméstica de Sole y Bebo. En la segunda —una fina lámina de papel transparente—, la índole del relato sería la de un arte poética, una teoría de la composición en 35 mm o una de las tantas respuestas posible a la pregunta ¿qué es el cine?.
Aunque Los actos cotidianos no es un libro, la doble circulación de sentido configura la lógica de éste y de cualquier otro de los organismos creados por Raúl Perrone, desde hace veinte años. Una historia (des)compuesta en módicos actos, más el acto de filmar esa historia son, entonces, las dos imágenes de una narración que avanza en el tiempo no lineal de la existencia. Una sobre otra para devenir en una tercera representación, cuyo sino es el movimiento incesante, el caos ordenado —reconocible— en el que se desempeñan la vida, el relato de la vida —en primera persona— y los deseos (cuya expresión está diferida y repartida en este filme entre el sistema gestual y la dramaturgia televisiva).
Así opera el cine de Raúl Perrone: haciéndose, provisorio, creando imágenes “nuevas” para ponerle ideas a la vida humana. Pero esta vez, las tonalidades, los ritmos, en suma, la intensidad son muy otras de las que había mostrado el autor en sus filmes precedentes. Los eventos exiguos que comparten Sole y Bebo (¿habría que leer esos nombres como anagramas de la condición que de, cada uno de los hermanos, subraya la película?) suceden en algún lugar que, ahora es imperioso, no sea específicamente Ituzaingó.
Yendo y viniendo del silencio reflexivo a la narración de lo vivido, Los actos cotidianos se establece en la necesariedad de transcurrir en un no lugar, zona inespecífica en la que el cielo no es sino su reflejo en un charco de agua, que la película vira, casi casi, al blanco y negro. Es decir, esta pieza (que ya no es la última) de Perrone, tiene una razón más ambiciosa que las anteriores. Esta vez, el espectador no debe dejarse llevar por las imágenes ni por las palabras ni por los hechos narrados. Acá debe poner a jugar todos esos elementos en su reverso: el fuera de campo visual y auditivo, los silencios, lo que no está dicho ni actuado. Esta vez, el espectador tiene la misión de completar lo que no está, de concluir una película que funciona como el agujero en la pared: atrae y desconcierta, conmina a mirar tanto como a no hacerlo.
En este sentido, Los actos cotidianos acaso inaugura la serie de un cine concreto, refractario al adjetivo costumbrista, profundamente político. No es que Raúl Perrone haya abandonado la voluntad plástica en este filme: sólo le restituyó su dimensión descriptiva en desmedro de la pura cosmética. Ahí estriba su rara, destelleante y perentoria belleza.
En una casa del conurbano viven dos hermanos con su madre: sole y bebo. El tiempo pasó, y ellos ya tienen hijos. mientras los crian como pueden, su vida no es mas que el conjunto de acciones que pueblan la existencia de todos. acciones simples, cotidianas que se apilan una tras otra en la rutina de existir. el tiempo que pasa, siempre dentro de la casa: mirar la novela, cortarle el pelo al chico, lavar la ropa.
Afuera se percibe un mundo peligroso: poblado de accidentes, problemas con la ley y adicciones, pero en el nido los hermanos parecen estar a salvo. un gorrion encerrado por sole en una jaulita puede ser la clave para una salida... pero ¿vale la pena salir? ¿salir adonde? ¿a un mundo cada vez mas enrejado? “los actos cotidianos” ensaya una hipótesis que por supuesto solo va poder completar el espectador luego de ver esta película.