Bang-Bang
1990
Elenco: Piero.
Música: Fernando Samalea y Fabián Quintiero.
Cámara: Carlos Acuña.
Presentada el 19 de junio de 1990 en el Instituto Goethe.
Junto con "Subterráneos", que es inmediatamente anterior, "Bang-bang" marca
el comienzo de una etapa nueva de filmaciones, después un impasse de más de
diez años donde armé mi trayectoria como dibujante y dejé de hacer los cortometrajes
en Super-8 que hacía allí por 1976.
"Bang-bang" es una película de carreteras que dura 22 minutos y no se habla
una sola palabra. Hay una búsqueda de encuadres y de narración. Es un policial
quizás apocalíptico y futurista, con un tipo que busca a la trapecista del circo
Bang-bang, y en el camino aparece gente medio rara.
Como todos mis medios y cortometrajes, la idea nació a partir de una fotografía.
En este caso, una estafeta postal del cincuenta que me parecía que era igual
a una casita de madera que había al lado de mi casa. La historia la armamos
con Leonardo Tarifeño y lo fui a ver a Piero para que sea el protagonista. Me
acuerdo que le conté que lo quería sin anteojos ni rulos, con el pelo engominado
para atrás e impermeable. Me miró y me dijo, "Para qué me buscás a mí si yo
no soy eso?". Y eso era lo bueno, precisamente. Tuvo miedo y dudas, pero le
gustó y aceptó.
Todo se filmó en Ituzainzó, e incluso el interior del bar es el comedor de mi
casa, donde armé una jukebox con telgopor. Hay una estación de servicio con
expendedores de nafta tipo americano del cincuenta, y un teléfono, todo dibujado.
En esa época me gustaba mucho inventar la escenografía y hacerle creer a la
gente que estaba en otro lugar: en la pantalla se ve un bar tipo "Bagdad café"
y en realidad estás en el medio de un barrio, rodeado de gente. Eso es maravilloso.
También hay una persecución que el crítico César Magrini describió como poética,
porque los autos no vuelan ni explotan. Y en la música empecé a laburar con
Fernando Samalea, que cada tanto me venía a ver al diario, y un día le dije
que estaba haciendo esto, y él trajo a Fabián Quintiero, que estaba fascinado
con Nino Rota. Les di una copia de la película y definimos la música a partir
de algunas cosas que se les habían ocurrido.
Todo "Bang-bang" se hizo con una filmadora VHS, levantando todo a U-Matic para
editar. En la copia perdía una generación, pero igualmente era toda una patriada
encarar una película en color que transcurre en una carretera en el desierto.
Una anécdota increíble es que el día de la presentación en el Goethe, mientras
estaba probando el proyector, se acercaron los organizadores para comentarme
si era16 mm. ¡Y era gente que veía películas todo el dÌa!
Buenos
Aires-Esquina
1990
38 minutos
Color Filmado en super VHS, editado en U-Matic
Elenco: Andrés Calamaro, ...
"Buenos Aires-Esquina" es casi inédita. Sólo se pasó una vez en el cine Lorca,
y después la volví a compaginar para que la estructura fuera más fraccionada
y que no siguiera el orden cronológico que desemboca en un diálogo final.
Es una película de carretera, como hemos visto mil veces en el cine americano.
Me gusta creer que por primera vez en Argentina se hizo una road-movie criolla.
En mi caso, fue una de las únicas dos veces que me fui de Ituzaingó; todavía
no había encontrado la geografía del barrio, más allá de filmar en casa, así
que pensé que yendo a un pueblo podía trabajar tranquilo y en libertad. Ir a
un pueblo y que sea toda una iconografía para vos. Y fue así, mágico.
El contacto para filmar en Esquina surgió por el pariente de una compañera de
trabajo en el diario, un abogado llamado Juan Carlos Morales, a quien después
le pusimos El Sheriff del Pueblo. Le agradezco todo el apoyo que nos dió, porque
posibilitó que pudiéramos laburar ahÌ tres días sin un mango, inconcientemente.
Actúa Andrés Calamaro, a quien llamé un mes antes y le dije que quería hacer
un corto con él. Nos juntamos en su casa, hablamos de cine, le conté la idea,
y a la semana nos fuimos a Corrientes. Creo simplemente me escuchó y se entregó.
Y cuando se dio cuenta ya estaba gritando "Acción".
Nos fuimos una madrugada con dos autos. Una locura. Hacía mucho frío y Calamaro
me rodeó de humo y de cassettes con canciones de Lou Reed, B.B. King y Creedence.
Música de ruta. De hecho, la película tiene temas de Tom Waits, Lou Reed, Manal
y "La balsa" por Tanguito, que también usé en "Angeles", cinco años antes que
el revival de "Tango feroz".
A esa altura tenía un pequeño guión hecho en dos encuentros de café con Claudio
Minghetti. Como ocurre siempre, lo llené de agregados que al final no entendía,
así que lo tiré y empecé a inventar situaciones: un teléfono para que Calamaro
haga un llamado, un video-juego para que Calamaro juegue... La idea era Calamaro
en el pueblo, al pedo, como único visitante. También influyó que al llegar pasaron
dos horas esperando a Juan Carlos. Ahí me dije, a la mierda, ésta es a película.
La realidad superó a la ficción.
Me acuerdo que llegamos un viernes, filmamos hasta las cuatro de la mañana,
el sábado trabajamos hasta las ocho de la noche, y el domingo ya estábamos viajando
de vuelta. Primero hicimos el monólogo final, y al día siguiente todas las escenas
en la calle. Aparece un campanario muy lindo que es la intendencia del pueblo,
que la abrieron un día domingo para mí. El aval de la gente era total.
Lo que hicimos esa primera noche con Calamaro, a las cuatro de la mañana y en
un puterío de verdad, era hablar e improvisar con la mina, que no era actriz.
A él le marqué tres o cuatro cosas, y fue maravilloso como la pudo llevar. Me
gustaba mucho su manera de ser. Para mí era como una especie de James Dean.